Bacon: el arte de la marca desgarrada

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La exposición de Francis Bacon en el Museo Guggenheim de Bilbao es una estupenda ocasión para conocer más a fondo la obra de este artista en el que la marca personal es una desgarrada forma de comunicarse con el mundo.

Descubrir el universo de Bacon es todo un viaje al dolor por entenderse y sobre todo por aceptarse y por tanto ser aceptado.  Encontró el desgarro que sentía en su alma por su homosexualidad y la ruptura con su padre y con su familia en obras tan dispares como el El acorazado Potemkin (1925), de Serguéi Eisenstein; o La masacre de los inocentes de Nicolas Poussin. La imagen de una madre que grita tratando de proteger a su bebé quedó grabada en la memoria de Bacon. Sin embargo fue la visita a una exposición de Picasso (de nuevo el genio inspirando a otros artistas) en la Galerie Paul Rosenberg de París, en el verano de 1927,  el punto de inflexión por el que comenzó a dibujar y a pintar acuarelas de manera autodidacta.

Estas fuentes tan dispersas dieron lugar a una marca personal que tuvo el dolor y la muerte como elementos característicos.

Además de sus obras en la exposición podemos recrearnos con el estudio que Bacon ocupó en el barrio de South Kensington en Londres. Seis años después de su muerte, su heredero legó todo su contenido a la Dublin City Gallery The Hugh Lane, ubicada enla ciudad natal del pintor donde se puede visitar desde 2001.

Es todo un ejercicio de contemplación observar el estudio de Bacon tal y como lo dejó tras su muerte y que fue su fuente de inspiración durante más de 30 años. Las caras de muchos de los visitantes a la estupenda e interesante Hugh Lane cuando contemplan el estudio a través de los cristales que lo protegen es de total estupectación. Difícil de entender que alguién pueda no sentirse ahogado entre la mezcla de pinturas, lienzos, fotografías, ropa y caballetes. Sin embargo, según las propias palabras del artista, era el único sitio donde se sentía él mismo. Era el único sitio donde su marca personal estaba protegida.

Conocer nuestra marca no significa tener una imagen exterior cuidada pensando en el efecto que vamos a tener en los demás. Es saber lo que los demás pueden ver de nosotros. Y aquí debemos hacer un ejercicio de reflexión. ¿soy yo por mí? ¿o soy otros por los demás? Al final creo que el verdadero valor es ser auténticos. Ser nosotros mismos.

Entrar en el universo de Bacon y sobre todo ver su estudio me anima a pensar que no siempre el desorden lleva el caos.

MarArte tu diferencia.

 

 

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