La capacidad de sorprender

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Dentro de poco hago mi primer año colaborando con Capacis, una fundación que se decica a dar formación a chavales con dispacidad intelectual límite. Gracias a una actividad organizada por mi organización en la que todos colaboramos en ayudarles a poner en orden su sede, pude conocer de primera mano el gran trabajo que están haciendo esta pequeña gran familia. Cuando acabé ese día de junio la sesión que tuve con los chavales de marca personal, supe que quería formar parte de su realidad.

Ha sido un año muy corto, pues las sesiones que hago con ellos sobre comunicación, marca personal y cómo trabajar juntos utilizando coaching de equipos son tan intensas y sobre todo diferentes que no parece que haya pasado tanto tiempo.  Me encanta ser un pequeño grano de arena en todo el entramado de la fundación, colaborar con los chavales en las clases que impartimos e ir juntos de la mano en este recorrido de aprendizaje mutuo que nos lleva a siempre querer más.

Una de mis pasiones es el arte. Y como todas las pasiones, es algo que no lo puedo ocultar y me gusta compartir. Cuando les conté a los chavales en mi primera visita a Capacis que hacía visitas a los museos, en especial al Reina Sofia y en concreto al Guernica (Picasso es mi artista favorito), ví brillar los ojos de Jorge a la vez que exhibía  una sonrisa de oreja a oreja. Al acabar, a pesar de la timidez que a veces tiene, me pidió que les llevara al Reina.

He hecho muchas visitas guiadas y sé que es una actividad gratificante si te gusta el arte, pero también cansada, pues necesitas mucha energía para recibir los mensajes que las obras de arte nos muestran. Por eso, cuando empezamos a planificar la visita con los chicos al Guernica, me empecé a plantear cómo iba a mantener su atención durante al menos una hora.

Una vez más, mis expectativas con los chicos se quedaron cortas. Llegaron con entusiasmo, alguno de ellos muy guapos para la ocasion. Es cierto que no fueron todos, pero creo que eso fue la clave del éxito de esta salida: que ellos eligieron venir aunque la palabra museo les suene muy seria.

Fueron más de dos horas recorriendo el museo, recordando la historia de España (corregida en ocasiones por el siempre sorprendente Yago), viendo el Guernica, escuchando anécdotas de su creación, haciendonos selfies en el ascensor y finalizando en el claustro del museo con el propósito de vernos otro sábado en otro museo: esta vez será el Sorolla en mayo.

Participar en una acción de voluntariado no es cuestión de tiempo. Eso es solo una excusa. Colaborar es un motivo para crecer, para aportar y para pasar ratos muy divertidos. Para valorar lo que tienes y lo que te falta y no lo sabías.

Espero seguir cumpliendo más años en Capacis.

 

Blog de Capacis

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